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Las terrazas de invierno, en el punto de mira

26/02/2012

En muchos casos les compensa pagar la sanción y seguir incumpliendo la norma . La mayoría incumple la ordenanza pero han supuesto una salvación para los bares

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Un velador de invierno con las paredes de lona levantadas en la urbanización Guadiana

Hace poco menos de un año entró en vigor la nueva ordenanza de veladores de la ciudad. La regulación fue muy esperada porque el concepto actual de terraza de bar no tiene nada que ver con el de 1996, año en el que se redactó la orden anterior.
Se ha pasado del carácter estacional y veraniego a una práctica habitual durante todo el año. Tradicionalmente se instalaban en marzo y se recogían en octubre, ahora las mesas y las sillas en la puerta de los establecimientos se ven de enero a diciembre, aprovechando los días de sol de los inviernos suaves. Pero más allá de una actividad prolongada, sin duda, el verdadero cambio lo ha impulsado la Ley Antitabaco que prohibió fumar en los bares.
Los hosteleros la recibieron con una sonada campaña de demonización, pero pronto buscaron refugio en los cerramientos cerrados en la calle. La nueva regulación les dio la bendición y los ánimos en la hostelería se apaciguaron. Una terraza de veinte mesas en pleno invierno con toldos, cerramientos y pérgolas se convirtió en una alternativa.
El problema es que la ordenanza solo ha solucionado los problemas a medias. Se autorizan las estructuras fijas, pero manteniendo unos límites, que en muchos casos no se respetan.
Con la norma en la mano, la mayoría de las que ahora se ven por la ciudad se tendrían que levantar.
Para hacerse una idea, basta recordar que en el primer trimestre de vigencia de la norma, de abril a julio, el Ayuntamiento tramitó 173 denuncias. Prácticamente una cada día. Para los empresarios, la ordenanza resulta demasiado estricta y confían en que tras estos primeros meses de vigencia, se modifique y ponga orden.
El espíritu real de los 45 artículos que componen la norma pretende conseguir que los clientes puedan sentarse en el exterior en invierno, pero no convertir un tramo de acera en una ampliación barata del negocio, que es lo que ha derivado en muchos casos, según explican fuentes municipales que conocen de cerca este asunto.
Llama la atención que estos veladores florecieran para combatir la pérdida de clientes por la Ley Antitabaco y que, sin embargo, muchos de ellos ni tan siquiera la cumplan.
Se trataba de buscar un refugio exterior para los fumadores, pero la Ley deja claro que solo se permite fumar en instalaciones con tres paredes móviles de lona -techo y dos laterales- y no en las carpas completamente cerradas que se han montado en muchos casos en los últimos meses.
Voluntaria o involuntariamente, se han convertido en una ampliación del salón o el comedor interior. A los hosteleros les interesa porque el metro cuadrado de terraza sale mucho más económico que el de alquiler del local.
Una de las zonas donde más visible se ve la nueva ordenanza es en los locales de tapas y cañas de la urbanización Guadiana. Ya se sabe que muchos de estos cerramientos fueron denunciados hace meses por no respetar algunos límites. Los empresarios de la zona reiteran que si no fuera por la terraza, muchos tendrían que cerrar y que es lo único que ha podido salvar una temporada ya de por si bastante mala. Argumentan además que las terrazas de invierno han contribuido a mantener puestos de trabajo. Por cada seis o siete mesas en el exterior se necesita un camarero, a lo que hay que sumar otro en la barra que ejerce de enlace y más empleados también en la cocina porque hay que atender más pedidos. Además de la pérdida de puestos de trabajo, para muchos hosteleros adaptarse a la norma equivale a desmontar una instalación en la que se han gastado mucho dinero. Por eso muy pocos dan marcha atrás cuando reciben la notificación. En la urbanización Guadiana, uno de los pocos que ha modificado su cerramiento ha sido el restaurante Martín Fierro. En este negocio explican que tuvieron que desplazar un metro la cubierta para cumplir con el requisito de los dos metros de separación entre instalaciones. Santos García, camarero del bar, defiende estas instalaciones porque las terrazas están sirviendo de salvavidas para muchos locales. Cree que si se tuvieran que levantar, bastantes acabarían cerrando.
A su vecino, Manuel Gal, del restaurante Dulce Sal también le llegó la correspondiente sanción. Ambos se muestran muy críticos con las exigencias de la regulación porque en otras ciudades con mayor tradición turística se permiten sin problemas. «Respetamos la seguridad y la estética, que es lo importante».
La regulación deja muy claro algunos límites que se deben guardar. Recoge, por ejemplo, la prohibición de no ocupar más de la mitad de la acera, no anclar la estructura al suelo, dejar dos metros de distancia para garantizar la evacuación del local entre el bar y las mesas o no instalar televisión en el exterior. La repetida estampa de veladores a rebosar mientras sus clientes ven el partido de fútbol es el mejor ejemplo del caso omiso que hacen algunos a la ordenanza. Ni tan siquiera se permite la tele en el escaparate para que se vea desde el exterior.
Lo mismo ocurre con las famosas estufas que tanto se vendieron el año pasado. A los bares ya les han dicho que por su emisión de gases no cumplen con la normativa medioambiental. Más allá de los criterios medioambientales, la ordenanza de veladores no permite que se instalen de forma fija.
En muchos casos las denuncias que llegan a los bares las promueven los propios vecinos que viven en el bloque cercano y ven como de repente se han quedado sin acera.
La Policía Local también puede actuar de oficio a través de las inspecciones periódicas que realizan agentes del cuerpo en segunda actividad.
Fuentes municipales explican que incluso hay bares a los que ya se les ha denunciado y han pagado una sanción de 1.500 euros, pero siguen con la estructura ilegal porque les renta más pagar que retirarla. El proceso natural que se sigue debe acabar con una nueva multa de 3.000 euros y la retirada del permiso de terraza durante seis meses, pero mantienen el cerramiento mientras se agotan todos los plazos administrativos de alegación.
También hay casos de hosteleros que desconocen la ordenanza y se han limitado a seguir la recomendación de las empresas de toldos y estructuras que se han especializado en este tipo de cerramientos.
Para salir de dudas, lo más recomendable es consultar la página web del Ayuntamiento de Badajoz y descargarse la ordenanza. En 33 folios y 45 artículos se explica claramente los requisitos que se deben seguir para instalarlos. Con la campaña de invierno ya en el ocaso, habrá que esperar a que pase el verano, para ver si realmente se pone orden a esta nueva modalidad de terraza de bar.
«En otras ciudades estas instalaciones se autorizan sin problemas»
«Si no fuera por estos veladores, muchos negocios tendrían que cerrar»

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