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Tres de cada diez comunidades tienen algún vecino moroso

18/01/2013

La crisis multiplica por seis las deudas acumuladas durante los últimos cinco años

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En Extremadura hay vecinos que están limpiando las escaleras del bloque para poder saldar su deuda con la comunidad, mientras que otros han decidido dejar que el coche pase los días al raso y alquilar su plaza de garaje con el propósito de poder cumplir con el recibo del portal. Son solamente dos ejemplos de las fórmulas que cada vez más vienen poniendo en práctica muchos extremeños con el fin de evitar convertirse en los deudores del bloque o dejar de serlo.

Es una conducta que desarrollan quienes tienen voluntad de pagar pero no pueden hacerlo porque la crisis les ha dejado en el paro y en ocasiones puede que no tengan más ingreso que una exigua ayuda social.

Luego están los morosos de toda la vida, a los que los administradores identifican como auténticos profesionales. Son personas que nunca se han propuesto pagar la comunidad y que no tienen reparos en no hacerlo, ni tampoco intención de cambiar su conducta.

La realidad hoy es que la morosidad se ha multiplicado por seis respecto al índice del cinco por ciento que las estadísticas recogían en 2008, el año en el que oficialmente empezó la crisis. Los datos que se manejan en el Colegio Territorial de Administradores de Fincas revelan que en los últimos cinco años la morosidad se ha elevado y el 30% de comunidades tiene algún moroso. La proporción ha ido creciendo sin freno en los dos últimos años, pero lo ha hecho sobre todo a lo largo de 2012, hasta el punto de que muchos administradores de comunidades se encuentran prácticamente a diario con inquilinos que les plantean que si pagan la comunidad no les queda dinero para comer.

«La situación es muy dura porque hay más gente de la que pensamos que vive literalmente con 400 euros», cuenta Manuel Martín, profesional cacereño con quince años de experiencia en el sector, quien apunta que hay personas con voluntad de pagar aunque sea poco a poco.

El trabajo de este colectivo se ha complicado y se ha multiplicado al mismo ritmo que lo ha hecho el porcentaje de deudores. La estimación que hace el consejo general de los Colegios de Administradores de Fincas es que en Extremadura la deuda vecinal suma 38 millones de euros. Suponen el 2,34% del total de la deuda nacional, cifrada en 1.606 millones. Los responsables de la sede colegial extremeña creen sin embargo que se trata de una cifra excesiva y, aunque no ofrecen otro dato alternativo, sí señalan que en torno al 30 % de las comunidades de propietarios de la región tiene algún moroso y que aproximadamente en la mitad de ellas pueden encontrarse hasta tres vecinos que acumulan deudas, una cifra que resulta realmente preocupante.

«Se ha disparado el número de casos de impago que tenemos que llevar a los juzgados», apunta Martín Carlos García, administrador en Plasencia, al referirse a los denominados monitorios, que son las reclamaciones de deuda que las comunidades deciden presentar ante el juez. «En 2011 presenté 168 demandas y en 2012 superé las 150. Son muchas, más del 50% de la cartera de clientes», señala Vicente Estremera desde Mérida.

Lo que ocurre es que es difícil que estos casos se resuelvan a corto plazo porque por 1.500, 2.000 ó 3.000 euros de deuda vecinal es complicado que se determine el embargo de la vivienda de un inquilino moroso. El procedimiento más habitual es que se ordene la investigación de los bienes del deudor, si tiene coches por ejemplo, con el fin de tirar de ellos, lo que alarga el proceso más allá de lo deseado. Se están llevando también ante la justicia embargos de alquileres como una medida más con la que intentar cobrar, obligando al deudor a depositar la renta en la cuenta del juzgado.

Bancos que tampoco pagan

El problema sin embargo no lo plantean solamente los vecinos a título individual sino que lo originan también los grandes propietarios, desde los bancos hasta las promotoras y las inmobiliarias.

«Entre un 8 % y un 10 % de las comunidades tienen como morosos a la promotora o a las entidades financieras, una situación que se viene produciendo en los dos últimos años y que supone un grave problema para las comunidades porque normalmente son propietarios de varias fincas», indica Alfonso Pérez Calleja, secretario del colegio regional de administradores.

El recibo de la comunidad es uno de los primeros gastos de los que se prescinde cuando las cosas no van bien. Los gastos más elevados son los que generan el ascensor, el seguro del edificio, la limpieza y el suministro eléctrico, conceptos que los administradores intentan optimizar al máximo renegociando precios y tarifas en un esfuerzo por cobrar para poder pagar a sus proveedores. Se intenta evitar llegar a la típica situación que se describe como la pescadilla que se muerde la cola y que en este caso se resume en que si la comunidad no paga al administrador este no puede pagar al proveedor.

Hay casos de impago tan extremos en Extremadura que la decisión que se ha tomado ha sido dejar de utilizar el ascensor, paralizarlo durante determinados meses, como ocurre en un bloque pacense con una docena de inquilinos de los que dos son morosos y tienen una acumulación de deuda importante. Es la opción que se ha aprobado frente a la de elevar la cuota de la comunidad.

La situación es difícil y se prevé que se recrudezca todavía más el año que viene, con subidas previstas como las de la luz y el IVA, o la ya aplicada del canon del agua.

«Hay comunidades en las que va a acabar imponiéndose la cultura del trueque», apunta el veterano Estremera, quien cuenta que conoce vecinos que además de limpiar el portal se ofrecen para realizar otras tareas como moneda de cambio frente al recibo de la comunidad. «El que es albañil pues hace cosas de albañilería, el que sabe de fontanería pues fontanería, el que controla electricidad lo que atañe a la luz...». Lo que sea con tal de salir del aprieto que supone no poder pagar las cuotas.

La situación está haciendo que en algunos casos los propios administradores estén viendo cómo su trabajo se ve en cierta medida amenazado. Ocurre cuando con tal de restar gastos los inquilinos deciden que uno de ellos se va a encargar de gestionar la comunidad. Lo mismo pasa con las empresas de limpieza, que son suplantadas por residentes que se deciden a coger la fregona y la escoba, no ya para saldar una deuda pendiente sino para que al resto del portal este servicio le resulte más barato que el que presta un profesional, asumiendo incluso el riesgo que corren ante la Seguridad Social.

Son historias de escalera del siglo XXI. Escenas de la vida cotidiana de algunos vecinos que están haciendo que la cuota de morosidad suba como la espuma en la región.


FUENTE: HOY.ES

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